Guía Pastoral

Los Atributos de Dios

En la Biblia, la autoridad absoluta de la palabra de Dios, encontramos los atributos de Dios. Solo lo que Dios eligió revelarnos en Su palabra, es dado a conocer.   La escritura manifiesta claramente que si Dios no se hubiera revelado por Su gracia, tanto en palabra como en hechos, no podríamos conocerlo (1 Corintios 2:10-11).

Uno de los atributos principales es que Dios es Creador y Señor de todo el universo, todas las personas y todas las cosas (Génesis 1:1).  El Salmo 24:1 dice “Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan.”  Nada de lo que existe llegó a existir por sí solo, ni por ningún proceso o explosión.  Todo fue creado a la perfección por Dios, quien creó al hombre y a la mujer a Su imagen para llevar a cabo su plan perfecto (Génesis 1:26-27).

Dios es incomprensible, no lo podemos entender totalmente (Salmo 139:6) pero sí podemos conocerlo a través de Su palabra.  Dios es el Señor “Yahveh” – el nombre exclusivo por cual Él se identifica a sí mismo en las escrituras.   Él también es el Señor del “pacto” – es el Dios que no solo creó el universo a través de Su palabra, sino que también está activo en él. 

Hay tres declaraciones principales sobre la naturaleza de Dios.  Primero, Dios es tanto transcendente como inmanente en el mundo.  La transcendencia se refiere a la distinción de Dios y a la separación que existe entre Él y Su creación, y por lo tanto Su señorío completo sobre ella.  Él solo existe por sí mismo, es autosuficiente, eterno y no necesita nada fuera de sí mismo (Salmo 93:2).  Por este motivo, debemos adorar, confiar y obedecer solo a Dios.  Ser inmanente significa que Dios participa y está presente en el mundo (Salmos 139:1-10).  Dios sustenta el mundo, lo gobierna y lo moldea eficazmente para lograr Su objetivo eternamente planificado (Efesios 1:11). 

Segundo, Dios es infinito, soberano y personal.  Que sea infinito se refiere a que Él tiene atributos perfectos y que el tiempo y el espacio no lo limitan, como nos limita a nosotros.  Afirmar que Dios es infinito implica que está presente en todos lados (omnipresente), sabe todo lo pasado, presente y futuro (omnisciente), y su poder es absoluto y sin limite (omnipotente). 

Dios gobierna todo el universo.  Sus planes y propósitos perfectos siempre se cumplen y nunca pueden ser detenidos por nadie ni por nada.  Daniel 4:35 nos dice “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?”

Tercero, Dios es trino; un solo Dios que se manifiesta en tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Cada persona es igual y eterna en poder y gloria, pero se distingue por Su rol y función: el Padre envía al Hijo, el Hijo obedece al Padre y el Espíritu Santo da gloria al Padre y al Hijo.

Otro atributo de Dios es que Él es santo, está separado de todo pecado.  La santidad de Dios implica que Él es puro, recto y justo.  Por eso las escrituras enfatizan que nuestro pecado y la santidad de Dios son incompatibles; Dios no puede tolerar la maldad.  La santidad de Dios y Su ira, Su reacción santa contra la maldad, están directamente relacionadas (Romanos 1:18-32).  Hebreos 12:29 nos dice que Dios es un fuego consumidor y Hebreos 10:27 habla de Su santa ira contra el pecado como algo terrible y temible.  Dios también es imparcial y no muestra favoritismo (Deuteronomio 32:4).

Sin embargo, Dios también es amor (1 Juan 4:8).  Su gracia ofrece bondad, misericordia y amor a los que no lo merecen.  La manifestación suprema del amor de Dios es la entrega de Su propio Hijo como sacrificio por nuestros pecados.  En la cruz de Cristo, vemos la demostración más grande de la santidad y del amor de Dios por nosotros.  En la cruz, la justicia y la gracia se unen, y mediante la fe en Jesucristo somos justificados. 

Juan 3:16 “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.”

¡Vivamos para el propósito que fuimos creados, para adorar, amar y alabar a Dios y encontrar plenitud solo en Él!

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