Guía Pastoral

Consecuencias de la Violencia en los Chicos y Adolescentes

Vivir en un hogar violento y disfuncional, tiene consecuencias devastadoras que moldean la personalidad y la identidad de los niños y adolescentes que están en desarrollo, y de su forma de relacionarse.  Simplemente presenciar la violencia puede tener efectos perjudiciales sobre su bienestar psicológico.  La violencia doméstica es cualquier tipo de abuso físico, emocional, psicológico o sexual hacia otra persona dentro de una relación familiar.  Puede presentarse de diversas formas como la negligencia, intimidación, maltratos, golpes, humillaciones, etc. Es un delito cruel y complejo que destruye la vida de la mujer y de los hijos, y que deja cicatrices emocionales y a veces físicas que pueden durar toda la vida.   

Donde hay un contexto cotidiano de violencia, física o verbal hacia la mujer, los menores se convierten en víctimas colaterales.  Esta violencia perjudica su desarrollo evolutivo a corto y a largo plazo e inevitablemente les originará secuelas físicas, emocionales y psicológicas. Serán más vulnerables que aquellos que viven en hogares pacíficos.  Estos niños y adolescentes viven con temor y ansiedad, y están en guardia constantemente ya que no saben cuándo ocurrirá el próximo episodio de violencia.

La violencia es algo que rompe la relación con los otros miembros de la familia.  Los menores son forzados a crecer rápidamente y no disfrutan de su infancia, de su inocencia, del amor que deben recibir como niños.  Aprenden que la violencia dentro de la familia es aceptable, que así es el amor entre el hombre y la mujer, como también aprenden a mentir y a desconfiar de todo el mundo.  Estos niños y adolescentes corren un gran riesgo en tener problemas de salud mental y física a largo plazo. 

La violencia vivida pasa de generación en generación y se reproduce en la vida futura de los hijos.  Los expertos descubrieron que observar la violencia dentro de la familia es un evento traumático y les afecta tanto como vivirlas.   Los hijos varones tienen mayor tendencia a repetir el ciclo de violencia cuando sean adultos y las hijas a involucrarse en relaciones abusivas.  Los varones suelen comportarse violentamente, buscando peleas y otros problemas.  Ellos llevan una carga de culpa e ira en la vida que los vuelve en agresores como fue el padre.  Las chicas suelen tener depresión y excluirse y tener relaciones con hombres que abusen de ella.

Los chicos que son testigo de violencia o son víctimas directas de abuso emocional, físico o sexual tienen mayor riesgo de padecer problemas de salud cuando sean adultos. En lo físico, pueden padecer de diabetes, obesidad, trastornos alimentarios, cardiopatías y uso de drogas y/o alcohol.  En los emocional, pueden tener afecciones de salud mental como depresión y ansiedad, baja autoestima, insomnio, bajo rendimiento escolar, enfermedades psicosomáticas, dificultad en hacer amigos, aislamiento, culpabilidad, fugas del hogar y suicidio.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a recuperarse?

Cada menor responde de manera diferente al abuso y al trauma. Algunos niños que son más fuertes, tienen menos secuelas del abuso y a otros les puede afectar por el resto de sus vidas.  Ellos necesitan un refuerzo positivo a diario porque lo que estuvieron escuchando constantemente en sus hogares fueron insultos, humillaciones, que no sirven para nada, etc.  Tener un buen sistema de apoyo o buenas relaciones con adultos de confianza, una alta autoestima y amistades saludables los ayudará a recuperarse.

Aunque los hijos que vivieron violencia intrafamiliar probablemente nunca olviden esas experiencias de abuso, ellos pueden aprender maneras saludables de lidiar con sus emociones y recuerdos.  Cuanto antes el menor salga de la situación abusiva, mayores serán las probabilidades de volverse un adulto sano, mentalmente y físicamente.   

Los podemos ayudar de las siguientes maneras:

  • Ayúdalos a sentirse seguros.
  • Explícale que No es su culpa ni la tuya.  El agresor es el único responsable de su conducta.
  • Háblales de relaciones saludables y no saludables para que sepan la diferencia entre lo que es aceptable y lo que no es.
  • Ayúdalos a poder expresarse libremente y a decir No cuando sea necesario.
  • Que tengan a su alrededor personas confiables, de apoyo.
  • Busca ayuda profesional – terapia.

El abuso de los menores, como toda injusticia, es condenado por Dios.  Aunque la disciplina es importante, el propósito de la disciplina es corregir y dirigir al hijo a la justicia; no se debe usar como una manera de sacar la ira injustamente. Efesios 6:4 nos dice “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”.  Colosenses 3:21 también nos dice “Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen.”

Jesús advierte fuertemente sobre aquellos que podrían causar el tropiezo de los niños o que pierdan la fe, en Mateo 18:6, “Pero al que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno, y que le hundieran en el fondo del mar.”  No debemos hacer nada que destruya la inocencia de los niños, ni su espíritu.  Recordemos lo que dice el Salmo 127:3 “Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre una recompensa”.

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