Guía Pastoral

Maldiciones Generacionales

Las maldiciones generacionales son aquellos pecados o consecuencias de pecados que heredamos de nuestros antepasados.  Los hijos pueden estar practicando un pecado que sus padres o abuelos practicaban o sufrir los efectos del pecado como herencia de nuestros padres.  Estos pecados podrían ser adicciones, estilos de vida y diversas enfermedades.   

Veamos lo que dice la palabra de Dios en Éxodo 20:5 “No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.”  Este versículo lleva a muchas personas a creer que el castigo por el pecado es inter-generacional, pero esto no es lo que quiere decir.  Este versículo se refiere a las consecuencias del pecado y como pueden repercutir en generaciones posteriores.  Es un principio de consecuencias y no de una sentencia de castigo absoluta sobre los hijos.

Esto queda aclarado en Ezequiel 18:20 “Todo el que peque merece la muerte, pero ningún hijo cargará con la culpa de su padre, ni ningún padre con la del hijo: al justo se le pagará con justicia y al malvado se le pagará con maldad.”  Acá se nos enseña que cada uno será responsable de su propio pecado.  Por lo tanto, los hijos no van a pagar por el pecado de sus padres, pero sí sufrirán las consecuencias del pecado de generaciones anteriores.   

Los pecados de los padres sí afectan a sus hijos.  Aquellos que crecen observando comportamientos pecaminosos de sus padres son más propensos a seguirlos y a vivir ese estilo de vida.  Sin un padre no ama a Dios y sigue los caminos pecaminosos del mundo, sus hijos tomaran el mismo rumbo.   Si crecemos con algún familiar abusivo o adicto al alcohol o a las drogas, los hijos tienen altas probabilidades de seguir con esos mismos comportamientos y adicciones.  A la misma vez, estos pecados crean un ambiente con falta de amor, provisión, cuidado, etc. y los posiciona a los hijos para eventuales problemas en el futuro. 

El sufrir las consecuencias del pecado de los padres es una expresión de la ley natural de causa y efecto.  Si crecemos con un padre borracho, ladrón, agresivo, adicto o criminal, la pobreza, miseria y vergüenza caerá sobre los hijos – esto es inevitable pero no es una sentencia absoluta sin posibilidad de redención. 

La solución para romper toda maldición generacional es aceptando la salvación de Jesucristo.  Dios es bondadoso y misericordioso, pero también es un Dios de justicia.  Romanos 3:23 nos dice que todos somos pecadores y estamos destituidos de la gloria de Dios.  Cada uno de nosotros tenemos la opción de aceptar la salvación por medio de la fe en Jesucristo (Romanos 6:23).  Cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador personal, somos nuevas criaturas y heredamos una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17).  Al aceptar a Jesús, somos regenerados y recibimos un nuevo corazón para ver la vida a través de los ojos de Dios. 

El apóstol Juan dice en 1 Juan 3:9 “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.   Cuando alguien acepta a Jesús y nace de nuevo, se arrepiente y abandona sus pecados; no sigue un patrón de conducta pecaminosa.  El creyente puede pecar, pero no practica el pecado deliberadamente.  Basado en lo que dice Juan, si alguien sigue pecando deliberadamente después de haber conocido la verdad, podríamos concluir que eso es evidencia de que la persona no nació de nuevo y no se arrepintió de sus pecados. 

Todos tenemos la responsabilidad del camino que elegimos.  Si decidimos estar fuera de la gracia de Dios, estas maldiciones generacionales estarán en nuestras vidas.  Elegir el camino de la vida junto a Jesús rompe toda maldición generacional; por el sacrificio de Su sangre somos libres de toda atadura espiritual.  La solución a cualquier maldición generacional es la fe en Jesucristo y una vida consagrada a Él (Romanos 12:1-2). 

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